
Cargando unas legumbres y a su mosca mascota caminó por horizontes incontables. Cantó en arroyos escondidos donde los peces brillan de noche.
Cuando dormía, sus patas arañando la tierra, listas para correr, la luz pegaba sobre su coraza gris y disparaba destellos plateados y lilas, violetas de neon teológico. La mosca, fotodrogadictacomo suelen ser las moscas, pasaba la noche despierta, revoloteando enloquecida en su jaula, llorando como el prisionero que era, muriendo por estrellarse estúpidamente contra la fría coraza una y otra vez y una y orta vez mas y mas y mas. Hasta que el mundo no pudiera distinguirse de la luz que la exitaba.
Y por eso, por pasar la noche despierta masturbándose en su jaula, la mosca dormía todo el día, y el armadillo, que había llevado a la mosca como compañía, caminaba solo, pensando canciones para cantarle cuando se despertara. Las ensayaba para el auditorio infinito que era el desierto, dunas y kilometros de arena, cactus y una infinidad de invisbles escondidas lagartijas; todos mudos, hirientes, ignorantes.
Así caminó el armadillo durante los días, y así se enloqueció su mascota la mosca durante la noche, quien para el tercer año ya no recordaba el nombre de sus 2 hermanas y se creía humano. Y cuando llegó a donde iba el armadillo, que había envenjecido más que las historias que sabía, fue detenido por dos guardias rinocerontes que custodiaban las puerta de la tierra del sueño e interrogado.
¿Quien se acerca? preguntaron al aire cuando el armadillo aún ni los podía escuchar. Y más tarde ¿Por que traes legumbres y una mosca a las puertas del sueño? y el armadillo, que ahora si los podía escuchar respondió: "Traigo lo que traigo porque es lo único que podía llevar, y fue lo que vivió con migo este viaje. Estoy cansado y ya no quedan más tortugas en mi tierra que entiendan el dialecto que hablo. Caminé infinitos pasos en las direcciones correctas porque mis garras sabían el camino y mis uñas se hundía en arena caliente cuando no erraba el camino. Siento el llamado del rey del sueño y demando su audiencia" Los rinocerontes, de piedra, abrieron la puerta y el armadillo siguió uno de tantos caminos porque, a pesar de su intuición, su mascota la mosca, con quién no hablaba hacía tantos años despertó y comenzó a empujar la jaula con una fuerza que el armadillo no podía combatir.
Con su mosca zumbando desaforada, el armadillo caminó paralelo a un río, después subió unas lomitas de pasto suave donde comió, y se embriagó. Caminó descerebrado los siguientes 4 soles, que no parecían ajutstarse a lo que el armadillo recordaba. Cruzó caravanas de comediantes medievales que lo saludaron mientras agitaban bastones de carne humana que se movían vivos. En la parte trasera de su diligencia, tres figuras negras con máscaras como de patos infernales lo inspeccionaron sin pudor poyectando sus caras incluso cuando se encontraban bien lejos. En sus manos, cucharas y pipas y pipetas y vidrio moldeado y libros negros negros negros.
El armadillo aún medio ebrio no pudo registrar mucho ya que sus conocimientos de campo árido y sombrero de paja no permitía la aceptación de esa imagen. Verla la vió, la pensó muy novedosa, increible lo que se ve estos días, y la olvidó antes de volver a caminar. No fué hasta que dos lunas después (que tampoco se ajustaban a lo que el armadillo creía que recordaba) que notó que en cada árbol que pasaba lo observaban cuervos negros, y aunque tardó en darse cuenta entendió que era el mismo cuervo y que debería quizás frenar y hablar con él.
¿Que quieres? le pregunto el cuervo, hinchado, sucio con lo que parecía ceniza. Una audiencía con el rey del sueño. El cuervo, sin reírse le contestó El rey del sueño no tiene el tiempo, o quizás no se encuentra aquí, e hizo una pausa. El cuervo miró al armadillo, que no decía nada, ahí le devolvía la mirada, impasible, cerrada. Bajando la cabeza el cuervo cedió Puedes contarme a mi.
El armadillo esperó unos segundos, miró al cuervo con desconfianza. Luego habló durante largo rato, sobre su tierra. Empezó hablando sobre los gatos en su tierras, en sus templos, atrapados en sus triángulos gigantes. Trató de evitar a su madre cuanto pudo, pero tubo que finalmente hablar de ella cuando relató la inundación que destruyó su primer hogar. Contó el tiempo que pasó viviendo bajo la cama de un brujo, como el viejo recibía vírgenes, niñas y tomaba un poco de su sangre después de arrimarse a ellas. Contó lo que pasó con su hijo, con su mujer, con el halcón del valle y el cristal que los monos cuidaban. Habló de hombres como el cuervo no había escuchado hablar hacía tiempo. Y al final, después de mucho hablar hizo su pedido. El cuervo, sorprendido de lo poco que pedía el armadillo se lo concedió sin duda, hacía tiempo que tenía la autoridad para manejar las cuestiones así.
El cuervo voló bajó hasta que encontró una corriente ascendente. Mientras el aire caliente le electrificaba las plumas pensó en el armadillo y en que aunque el no había nacido animal, esta no era la primera vez que hablaba con uno de ellos, y que los entendía. Hacía mucho, las miserias humanas, sus preocupaciones todavía lo intranquilizaban en su nuevo cuerpo de cuervo, pero ahora, escuchando al armadillo, había sentido que las miserías del bicho se le colaban entre la plumas entre granos de arena.
Volaba ya alto sobre montañas nevadas cuando pensó que el armadillo llevaba una mosca y la mosca iba en una jaula y se dió cuenta que aunque no lo había notado en ese momento, la mosca había estado gritando, nerviosa, desenfrenada, sobre acciones de bolsa, sobre cuestiones estéticas de la aeronautica, sobre autos rápidos y cocaina del pubis de prostitutas. No recordaba el sabor de una vagina. Miró las montañas, ahi abajo, entre la nieve, pequeñas manchas negras. Tenían un orden interesante, parecían los ojos de las hormigas, o algo en código morse.
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